Cercano ya el tiempo para emprender mi primer camino de Santiago me pregunto por el sentido de la vida, las grandes preguntas siempre me acompañan: ¿de donde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿por qué tanto sufrimiento?.
Vivimos
en un mundo en el que la mayoría de las personas no se hacen estas preguntas, a
algunos ni siquiera les importa; creen vivir en una especie de parque de atracciones en el que lo único que hay que hacer es "ser feliz"; pero, la mayoría, vive
repitiendo las mismas tópicas respuestas que desde pequeños les inculcaron,
respuestas que los siguen manteniendo en la ignorancia, la ignorancia
del esclavo, ese esclavo en que se ha convertido el hombre de nuestra época, el mismo hombre
que vive en el sueño de creerse el amo. Y es que, al fin y al cabo,
quizás la primera y más importante lucha que tenemos que librar sea la de
alcanzar la libertad, no esa libertad que te da un estado y que consiste en votar
cada cierto tiempo, sino la verdadera libertad, esa que nadie te puede dar
porque solo es posible obtenerla si la ganas en batalla, en esa batalla que
tenemos que pelear todos los días contra nosotros mismos, contra nuestro
egoísmo, nuestra debilidad, nuestra soberbia, nuestra ignorancia.
Luchar
por la libertad…sabiendo que la libertad jamás se alcanza, que siempre estaremos en el
camino que lleva a ella, un camino que hemos de retomar cada mañana. Ese es un
buen aprendizaje y una buena reflexión a hacer para el camino de Santiago,
somos siempre peregrinos hacia metas que nunca alcanzamos, vagabundos de
nosotros mismos y, sin embargo, conscientes de que andar el camino es nuestro
mayor premio pues nos hace mejores y que; aunque nunca podamos terminarlo; al final
del día si que podremos decir que estamos más cerca de la meta final.
Y en ese camino de nuestras vidas, en ese ir y venir aparentemente hacia ninguna
parte, ¿de donde venimos?, ¿a donde vamos?, ¿por qué tanto sufrimiento?, yo tengo mis
respuestas y quiero compartirla con aquellos que miráis estas letras desde el
otro lado de la pantalla, aquellos que habéis llegado a éste remoto lugar de
internet por alguna oculta razón del destino:
¿DE
DONDE VENIMOS?: Al principio era el caos (allí donde todo es y a la vez no
es), y el caos es perfecto ya que reúne las dos condiciones básicas de la
perfección cuales son la de ser (definirse) y no ser (mantenerse en la
indefinición), pues bien, para ser y como elemento esencial del propio caos “surgió”
el SER (Dios) y, al hacerlo, se proyectó en una cuasi infinitud de chispas en
una especie de “espejo” en el que poder observarse (definirse), ese “espejo” es el universo y esas chispas son nuestros espíritus, espíritus que deben evolucionar
hacia la unión de todas las chispas en uno a través del amor y el conocimiento de si mismos y,
cuando eso suceda, el SER se habrá visto completo en el espejo y podrá dar su
siguiente paso, volviendo, quizás a observarse en otro nuevo “espejo”.
Así
pues, nuestros espíritus, que han
evolucionado desde lo elemental hasta nosotros y que son solo
chispas proyectadas del SER, se mantienen en un plano intermedio entre Dios y
el mundo desarrollándose y fusionándose con otros similares a ellos a medida que van recibiendo el conocimiento que las distintas vidas en las que se alojan les reportan y para ello, para vivir, el espíritu de cada uno
de nosotros usa de un vehículo cuya sustancia es menos sutil y más cercana a la
materia; (en lenguaje más científico sería un quantum de pre energía vibrando
en las cuerdas que forman el tejido básico del universo); esa sustancia o vehículo del espíritu es el
alma, alma que debe reencarnarse una y otra vez (como estudiante que pasa o
repite curso) en innumerables vidas y, cada vez que lo hace, lo consigue a
través de un campo energético (astral) que ajusta como un guante dentro del
cuerpo físico que obtenemos al nacer. Ese astral es el que; cuando morimos y el
alma regresa a volcar su aprendizaje al espíritu; queda abandonado a su suerte impregnándose
en las cosas que el difunto amó y originando, en ocasiones, fenómenos fantasmales.
Pues
bien, nuestra misión en cada vida es aprehender, mejorar e intentar amar, ya
que, al amar, creamos conexiones con otras almas “VÍNCULOS” que, luego en esas otras
vidas, actuarán como imanes hacia otras personas (esas personas que nos caen
bien sin saber por qué) de cara a fusionarnos para formar un día una chispa
mayor que, a su vez, habrá de fusionarse despues en otra aún más grande hasta la unión
en uno final.
Luego,
venimos del SER, de Dios y en la forma en que acabo de explicar.
¿A DONDE VAMOS?: Nuestra
meta final es la unión en uno de todas las chispas del universo y, cuando eso suceda, será el final del tiempo
porque Dios habrá terminado de definirse al haberse “observado” completo en su “espejo”
cumpliendo, con ello, su función de SER, con lo que el Caos podrá seguir siendo
perfecto al haber cumplido sus dos condiciones esenciales (ser y a la vez no
ser) pero, hasta llegar allí, quedan muchas metas intermedias que alcanzar y
mucho camino que recorrer y la generación del hombre de nuestra época se
encuentra con una gran meta por delante, nuestra misión, estamos en un momento evolutivo en el
que “el hombre viejo” que somos ya no sirve pues, el aprendizaje que nuestros
espíritus precisan, demanda de un nuevo hombre y de un nuevo mundo cuya meta sea
potenciar nuestra evolución espiritual, para lo que es preciso que la tierra;
nuestro segundo soporte físico; sea gobernada por un solo poder, que la meta
primera de ese nuevo poder sea la que acabo de decir, que se acabe la injusticia,
el hambre y la ignorancia; lo que se puede lograr solo si se acaba con los
inconfesables intereses de las élites que lo impiden; y que, por fin y de una vez
por todas, los que están arriba sirvan a los que están abajo o como dijo Cristo
“los últimos serán los primeros”. Esta meta puede parecer una utopía, algo
imposible para muchos, pero os aseguro que esta generación lo verá.
¿POR QUÉ TANTO SUFRIMIENTO”: Cuando
practicaba culturismo, años ha, también me hacía la misma pregunta y la
respuesta es clara, sufrimos para mejorar, para aprehender, para evolucionar, sufrimos
porque el dolor es el precio que pagas para llegar a la meta, pero lo importante
no es cuanto sufras porque, al cabo, todo sufrimiento queda siempre atrás, lo
importante es el beneficio que ese sufrimiento te de, que lo que consigas valga
de verdad la pena y, a veces, hasta una simple sonrisa la vale J…
Y
mañana, más.
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