A menudo escucho a otros que hablan de sus metas
en la vida, de los proyectos que quieren realizar, de sus ambiciones, de sus
sueños, también, a veces, intento descifrar los discursos de los políticos cuando
pretenden vender sus productos y, la mayoría de las veces, me parece que esas
metas, proyectos, sueños o discursos carecen de ambición, que son pequeños, egoístas
y casi siempre incompletos… y que a mi, al menos, no me satisfacen en nada.
¿Y que te satisface a ti se preguntará
quien ha tenido la paciencia de leerme? Y yo, en la intención de que
pueda serviros de algo, deseo compartir la respuesta con vosotros.
Ya
habréis observado como, en mis anteriores entradas, hablo del nuevo mundo y del
nuevo hombre y os explicaré que es lo que quiero decir con ello: El hombre está
solo en el inicio de su evolución, todavía tiene cuatro quintas partes del camino
por recorrer y, en ese camino, aún tendrá varios escalones evolutivos que
subir, pues bien, el siguiente escalón (que es el único por el que nuestra
generación y las de los próximos mil años deben preocuparse) es
el que nos lleva a lo que yo llamo el “HOMBRE SUPERIOR”, este concepto para el que
muchos han usado palabras como superhombre, supra hombre, etc. define lo que,
para mi, es el siguiente paso evolutivo de la humanidad, ese ser, el hombre
superior, sería para el hombre (en palabras ya usadas por Nietzsche) lo que el hombre es al mono, es
decir, habría una diferencia evolutiva tan apreciable que estaríamos ya ante otra
especie, sin embargo, para definir a esa especie que está por llegar yo
prefiero usar el término hombre superior y no el de superhombre porque no
quiero que se confunda con lo que siempre se ha entendido como tal o con el del
“Übermensch” de Nietzsche. El hombre superior del que yo hablo está biológica y
evolutivamente un nivel por encima de nosotros pero lo está, sobre todo, en el sentido
espiritual, esto es, en mi concepto de evolución lo que tiene que evolucionar
es el espíritu, que es el que tira luego del cuerpo ya que, al crecer, propicia,
de manera simultanea, el cambio biológico que necesita para llevar a término
ese crecimiento, sin embargo el espíritu no puede crecer si quien lo acoge y la
civilización en que se desarrolla quien lo acoge no busca y desea ese
crecimiento, no remueve los obstáculos que lo impiden y no establece las
condiciones mínimas necesarias para que esa evolución se de.
Así pues, en la época actual, el hombre ha llegado a
su momento crítico, ese punto de no retorno en el que puede encaminarse hacia
el salto evolutivo realizando el CAMBIO o puede desaparecer como especie si
mantiene las cosas tal y como están
limitándose a parchear (como suele ser costumbre) ya que, su evolución
espiritual, no sería posible no solo porque este “mundo viejo” no reúne los
requisitos mínimos necesarios para ello, sino porque dicho mundo y el “hombre
viejo” que lo habita son, por si mismos, dos obstáculos insalvables para que el
salto se produzca y, ahí, es donde entran mis dos repetidos conceptos de hombre
nuevo y mundo nuevo. Para que el hombre superior sea posible es preciso,
primero, que demos paso en nosotros, en nuestro interior, al “hombre nuevo”, el
hombre nuevo es muchas cosas pero, esencialmente, es un cambio de actitud, en
vez de verse como un fin, como un saco egoísta que se limita a acumular cosas
que se pudren, el hombre nuevo es como un rio que fluye hacia el mar y que da y
recoge las aguas de otros ríos para dejarlas fluir quedándose solo con el
conocimiento que esas aguas le dan, el hombre nuevo atesora
experiencias y aprende de ellas, ambicionando únicamente su crecimiento
espiritual, se siente no como un fin, sino como un medio, un instrumento al
servicio de un fin superior, no lucha para tener, lo hace para cumplir una
MISIÓN; hacer posible su propia evolución espiritual y la de los demás; lucha
por un mundo en donde ese crecimiento sea lo más importante, un mundo justo,
donde toda escasez haya sido desterrada y en el que la meta fundamental sea,
precisamente, posibilitar el surgimiento del hombre superior, ese mundo por el que ese hombre lucha, por el
que yo lucho y por el que muchos lucharán un día es el “mundo nuevo”.
En conclusión, el hombre nuevo es necesario porque se pone a si mismo como instrumento de un fin más importante que su propia vida y
tiene la voluntad de luchar para hacer posible ese “salto” convirtiéndose en el
“vehículo físico” que su espíritu necesita para seguir creciendo hacia “el
hombre superior” y el mundo nuevo es imprescindible porque supone el surgimiento
de una civilización cuyo meta esencial es también el advenimiento del hombre
superior, oséase un mundo que potencie el desarrollo espiritual individual y
colectivo de sus miembros, debiendo haber superado para ello, antes, los
problemas básicos de subsistencia, bienestar y justicia social de los
individuos que la componen.
Desgraciadamente, en el momento en el que escribo
esto, todo está por hacer, el nuevo mundo debe empezarse y el hombre nuevo no
ha comenzado siquiera a balbucear pero no me rindo y sé que; aunque muera
peleando por ello; llegará un tiempo, en un futuro tal vez más cercano de lo
que muchos creen, en el que el hombre viejo solo será un recuerdo del pasado pues un
hombre nuevo caminará feliz por las anchas avenidas de
ciudades construidas bajo el mar, bajo tierra, en otros mundos o flotando en el espacio y la abundancia, la Justicia, la Ciencia y el
espíritu caminarán con él, y eso solo dependerá de lo que nosotros estemos
dispuestos a hacer AQUÍ Y AHORA.
“Levanto el estandarte de la vieja cruz, esa que los siglos olvidaron y el tiempo cubrió de polvo y telarañas en cualquier rincón, levanto el estandarte y llamo a mis hermanos de la antigua hermandad, esos que aun no saben que vendrán…”
(extracto de la novela que nunca acabé “la hermandad
de la cruz solar”).
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